Durante la feria siempre repito lo mismo, a los demás y a mí mismo: la feria es para abrir, no para decidir.

Para plantear dudas, imaginar caminos, escuchar. No para cerrar, descartar o restringir. Eso viene después, una vez de vuelta en la oficina, cuando toca armar conclusiones, soltar lo que no aplica y echar a andar lo que sí.

Ya de vuelta de Seafood Expo Global / Seafood Processing Global, ese momento es ahora.

Este año volvimos con muchas ideas, algunos proveedores nuevos, algunos productos nuevos, y dos observaciones que vale la pena compartir desde ya:

El tablero siempre se está moviendo. Cada año, mes e incluso semana a semana, vemos nuevas fusiones y adquisiciones. Grandes compañías se venden y, progresivamente, hay menos jugadores en la mesa.

El problema del combustible va mucho más allá de lo que se percibe a nivel de fletes. Todos los componentes del producto y la mano de obra están afectados por los precios del petróleo. Todos los vendedores, sin excepción, hablaron de alzas en sus materias primas, insumos y más.

Pero por sobre todo, volvimos con una modificación en el rumbo general de GardenFood, la compañía que engloba todos los alimentos que entregamos, y en especial de SeaGarden, su vertiente especialista en seafood. Un ajuste importante para nuestro futuro, que comunicaré públicamente cuando esté lo suficientemente robusto. Es mejor hablar con resultados que con promesas.

Más allá de los detalles, esto me confirma que hoy, 22 años después de mi primera feria de seafood en Europa, sigo aprendiendo como el primer día, o quizá aún más.

Gracias al equipazo con el que viajamos: Matías Fernández, Roberto Alejandro Barra Heredia, Rogerio de Farias, Felipe Deck Glaves, José Miguel Larraín y mi hermano, Juan Andrés Verdier, con quienes es un gusto recorrer el mundo y confirmar que somos capaces de competir con cualquiera.

Estamos recién empezando.