Cencosud acaba de entrar al negocio de los supermercados de descuento con una marca nueva: Don Salva. Locales chicos, de unos 180 metros cuadrados, surtido acotado, precios bajos todos los días y la promesa de "Acá sí alcanza". El primero abrió en mayo en el centro de Santiago y ya viene otro en Providencia.
Mi primera reacción fue aplaudir.
Llevo más de 20 años en el negocio de los alimentos y estoy convencido de que la industria tiene que ir exactamente hacia allá. El mercado necesita comida a precios bajos, sin adornos innecesarios. Cada peso de gasto debería ir orientado a la cadena de suministro del producto mismo, el origen, los procesos, la calidad.
Elimina todo lo que no agrega valor al producto. Menos variedad, menos decoración, menos marketing, menos personal por metro cuadrado. Y ese ahorro se lo pasas al cliente en precio.
En Chile ya estaban algunos otros jugadores en este formato y que entre un gigante como Cencosud valida la tendencia. Eso es una buena noticia para las familias y una señal potente para toda la industria.
Pero acá viene mi pregunta.
Dos filosofías opuestas bajo el mismo techo
Cencosud construyó su éxito con la filosofía exactamente contraria. Jumbo es experiencia completa: tiendas enormes, surtido gigante, degustaciones, marketing por todos lados, servicio premium. Su promesa era "en Jumbo la calidad se ve".
Y funciona. Nadie discute que funciona, de hecho me encanta.
El problema es que ahora, dentro del mismo holding, van a convivir dos modelos que se contradicen en todo. Uno gasta en experiencia para justificar precios más altos. El otro elimina gastos para poder cobrar precios más bajos. Uno necesita estructura pesada. El otro muere si la estructura pesa.
La pregunta está en el estado de resultados
¿Qué pasa cuando a Don Salva le aparezcan distribuidos los gastos de la matriz?
Te lo explico simple, porque esto le pasa a cualquier empresa con más de una línea de negocio, no solo a Cencosud.
Cuando un holding tiene varias unidades, hay costos que no pertenecen a ninguna en particular: el edificio corporativo, los gerentes de división, finanzas, legal, sistemas, recursos humanos, la marca corporativa. Ese paquete se llama overhead, y de alguna forma hay que repartirlo entre las unidades de negocio.
Y ahí está el punto. Un formato de descuento duro vive con márgenes minúsculos. Su única defensa es una estructura de costos muy fina. Pero Don Salva no nace en un garaje… nace dentro de una corporación acostumbrada a estructuras grandes, sueldos corporativos y procesos pesados.
Entonces hay tres escenarios posibles, y los tres son interesantes.
Escenario uno: le cargan el overhead que corresponde. Cada local de Don Salva absorbe su parte proporcional de la estructura corporativa. Si eso pasa, dudo que los números aguanten. Un negocio diseñado para operar con costos mínimos no puede financiar una matriz diseñada para operar Jumbos.
Escenario dos: juegan con la distribución para que el formato quede lindo. Le cargan poco o nada de overhead, el estado de resultados de Don Salva brilla, se presenta como caso de éxito… y la verdad es que otra unidad está subsidiando esos costos. El negocio parece rentable, pero solo porque alguien más paga sus cuentas. Esto es más común de lo que se cree, y es la forma más elegante de mentirse a uno mismo.
Escenario tres: construyen una estructura realmente separada. Equipo propio, procesos propios, lógica de costos propia, con la disciplina de un descuento duro de verdad. Es lo que hicieron los que triunfaron en este formato en el mundo. Pero exige algo dificilísimo para una corporación: decirle que no a su propia cultura, y muchas veces terminas duplicando algunos gastos importantes.
Por qué esto te importa, aunque no tengas un supermercado
Si tienes una empresa con más de una línea de negocio, este problema ya vive en tu contabilidad, aunque no lo hayas mirado.
¿Tu línea nueva paga su parte del contador, del arriendo, de tu sueldo, de la secretaria, de la bodega? ¿O la tienes "limpia" para convencerte de que es un gran negocio?
Lo he visto muchas veces, en mis empresas y en otras: líneas de negocio que parecen rentables porque nadie les cargó los costos reales, y líneas sanas que parecen malas porque les tiraron encima gastos que no les corresponden. En ambos casos terminas tomando decisiones con información falsa. Cierras lo que debías potenciar… potencias lo que debías cerrar.
Tres preguntas que vale la pena hacerse:
¿Cada línea de mi negocio absorbe los costos de estructura que realmente genera?
Si una línea nueva tuviera que pagar todo lo que consume, ¿seguiría siendo rentable?
¿Estoy distribuyendo el overhead con un criterio real… o con el criterio que hace que los números cuenten la historia que quiero escuchar?
Insisto: la jugada de Cencosud me parece correcta. El mercado de alimentos necesita más precios bajos y menos parafernalia, y que se meta un gigante hace bien a todos.
Pero el éxito de Don Salva no se va a definir en las góndolas. Se va a definir en una planilla, cuando alguien en el piso corporativo decida cuánta matriz le toca pagar a cada local de 180 metros cuadrados.
Si le cargan lo que corresponde y aun así aguanta, será una lección enorme de disciplina de costos. Si no le cargan nada, en unos años vamos a leer que el formato es brillante y buscará ampliarse, pero seguirá escondiendo un overhead que nunca asumió y que pagan otras unidades de negocio.
Los modelos de negocio contrarios pueden convivir en un mismo holding. Pero solo si la contabilidad dice la verdad.