Hay un punto en el desarrollo de un negocio que se siente cómodo. Hay clientes, hay ingresos, las cosas funcionan. Ya pasaste las etapas difíciles: aprendiste a vender, lograste que el negocio sea rentable, los números están razonablemente ordenados.
Y sin embargo, el negocio lleva tiempo igual. No crece. No retrocede, pero tampoco avanza.
Cuando pasa esto durante mucho tiempo, la tentación es buscar el problema afuera. Una economía complicada, el mercado que no ayuda, la competencia que revienta los precios. A veces esas cosas influyen. Pero en la mayoría de los casos que he visto, el techo del negocio tiene la forma exacta de la persona que lo fundó.
El problema es el siguiente: cuando un negocio llega a cierto nivel de complejidad, el fundador ya no puede hacer todo. Pero tampoco ha construido la estructura para que otros hagan lo que él hacía. Entonces se convierte en el recurso más escaso del negocio, el único que puede tomar decisiones, el único que sabe cómo se hacen las cosas, el único al que hay que consultar antes de actuar.
Y mientras eso sigue así, el negocio no puede crecer más allá de lo que una sola persona puede sostener.
Las preguntas para reconocer este bloqueo son directas: ¿Hay tareas que haces tú que otra persona podría hacer con las instrucciones correctas? ¿Cuántas horas por semana pasas resolviendo cosas que no son estratégicas? ¿Sabes cuál sería el siguiente movimiento para crecer, pero no tienes tiempo para ejecutarlo? ¿Tu equipo te consulta antes de tomar cualquier decisión, por chica que sea?
Si la respuesta a varias de estas preguntas es sí, el bloqueo no está en el mercado ni en el producto. Está en la forma en que contratas, capacitas y delegas.
La salida no es hacer más de lo mismo. Es identificar qué de lo que haces no requiere tu criterio específico y construir las condiciones para que otro lo haga. No necesariamente contratar más gente, a veces alcanza con procesos claros, instrucciones bien escritas, decisiones que se toman por protocolo en lugar de consultarte a ti cada vez.
Ojo: mucho se dice que el que contrates quizá lo hace peor que tú, pero al menos te libera tiempo. Estoy completamente en desacuerdo: Quizá al principio sea así, mientras se forma, pero en mediano plazo tu reemplazo lo debe hacer mucho mejor que tú en esa posición. Lo anterior tiene que ver con tu capacidad de selección, la capacitación y mucho con tu ego para dejar ser y fomentar el crecimiento en los demás.
Las horas que liberas no son para descansar, aunque eso también importa. Son para hacer lo que solo tú puedes hacer: abrir un canal nuevo, desarrollar una categoría, mejorar relaciones con proveedores.
Cuando se resuelve este bloqueo y el negocio empieza a crecer, aparece uno nuevo, y es más silencioso y más peligroso de lo que parece.
¿En qué cosas de tu negocio eres hoy el cuello de botella?