En el mundo de empresa es muy común escuchar a la gente hablar de diversificación, pero muchas veces lo que vemos es, en realidad, dispersión. A continuación, revisamos la diferencia clave y sus repercusiones.

Diversificar no es empezar negocios en cualquier industria que suene atractiva ese año.
No es cambiar de rubro cada vez que aparece una oportunidad, o que vemos algún amigo que “la hizo” en dicho mercado.

Para mí diversificar es más parecido al disparo de una escopeta.

Una sola dirección, varios perdigones.

La dirección es la tesis; el mercado en el que crees, la categoría que entiendes, el problema que sabes resolver.

Los perdigones son las apuestas dentro de esa misma lógica:

Varios productos en la misma categoría.
Distintas marcas para distintos segmentos del mismo cliente.
Más de un proveedor en el mismo rubro.
Canales distintos vendiendo el mismo tipo de solución.

Sin perder el foco, aumentas las probabilidades de impacto.

Si todos los disparos van hacia el mismo lugar, maximizamos la probabilidad de éxito.
Si cada uno apunta a algo distinto, no solo dividimos nuestra atención y ganas, sino que también quedamos expuestos a desmotivarnos cada vez que fracasemos en algo que no conocemos.